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Easy Rider en el deporte y en la vida cotidiana - Agata

Easy Rider w sporcie i codziennym życiu - Agata

He estado vinculada a los caballos prácticamente toda mi vida, pero tras una pausa de 13 años volví a la equitación ya como adulta. Empecé a competir en salto de obstáculos poco antes de cumplir los treinta.

Actualmente vivo en los Países Bajos, donde entreno intensamente y compito regularmente en concursos internacionales. Aun así, sigo definiéndome como adult amateur. No tengo detrás una infancia pasada en las competiciones, cientos de pruebas ni la experiencia adquirida a lo largo de los años con muchos caballos diferentes. Nunca tuve la oportunidad de acostumbrarme gradualmente a la presión de la competición ni de aprender a gestionar el estrés desde pequeña, como la mayoría de los jinetes profesionales.

Un desafío adicional es el TDAH. Soy una persona muy emocional y me distraigo con facilidad. En la vida diaria esto se traduce en una tendencia a la sobreestimulación y en dificultades para relajarme o dormir. En el deporte se manifiesta en problemas para mantener la concentración y recuperar rápidamente el enfoque después de un contratiempo.

El mayor desafío para mí nunca fue el estrés previo a la salida en sí. El problema surgía cuando durante el recorrido ocurría algo imprevisto: un derribo, una mala distancia, un rehúse o una caída. En esas situaciones, mi cerebro entraba muy rápidamente en una espiral de emociones. En lugar de volver de inmediato a la tarea, analizaba el error, crecían la frustración y la tensión, y eso a menudo llevaba a más fallos.

Empecé a usar Easy Rider tanto en el contexto deportivo como en la vida cotidiana. También recurro a él cuando me siento sobreestimulada, estoy bajo mucha presión, tengo un día especialmente estresante o necesito relajarme más fácilmente antes de dormir.

Lo que más me sorprendió desde el principio es que el producto no provoca sensación de embotamiento ni somnolencia. No quita energía, no ralentiza ni cambia mi forma de pensar. Cuando no pasa nada, prácticamente no noto su efecto.

Solo percibo la diferencia en las situaciones que antes desencadenaban en mí una reacción emocional intensa. Donde antes aparecía una espiral de estrés y frustración, hoy me resulta mucho más fácil mantener la calma. Sigo sintiendo emociones, porque son una parte natural del deporte, pero ya no toman el control de mis decisiones.

Lo describiría mejor como la creación de un espacio entre el estímulo y la reacción. Cuando ocurre un error, en lugar de entrar inmediatamente en modo emocional, tengo un momento para volver conscientemente a la tarea. Para un jinete esto es sumamente importante. En la pista no puedes detenerte a analizar el obstáculo anterior. Hay que concentrarse de inmediato en el siguiente.

Observo exactamente el mismo mecanismo fuera del deporte. En situaciones de estrés, con una avalancha de obligaciones o con sobreestimulación, es mucho más fácil mantener el equilibrio emocional. No tengo la sensación de que las emociones desaparezcan. Más bien tengo la impresión de que ya no llevan el timón.

Para mí, por tanto, el mayor valor de Easy Rider no es la calma ni la relajación. El cambio más importante es la posibilidad de mantener la claridad mental y recuperar rápidamente la concentración cuando antes las emociones tomaban el control. Tanto durante el recorrido en la pista como en la vida cotidiana, esto me da una mayor sensación de control sobre mí misma y me permite centrarme en lo que de verdad importa.